La Universidad está llamada a ser un elemento esencial en la sociedad del conocimiento. Si tradicionalmente la función de esta institución consistía en la mera transmisión del saber a través de la docencia, a partir de principios del siglo XIX se impone en las Universidades la obligación de investigar como elemento fundamental para mantener el conocimiento vivo, y es finalmente en la segunda mitad del siglo XX cuando las Universidades adquieren una nueva dimensión al acuñarse el término de transferencia del conocimiento, mediante la cual se intensifican las relaciones de las Universidades con su entorno social y económico y se transfiere directamente conocimiento y tecnología al mismo. Estas tres funciones de la Universidad no son dimensiones aisladas, sino que están estrechamente relacionadas entre sí, pues se centran en la gestión del conocimiento: generar, mantener y difundir los saberes de una institución con objeto de utilizarlos en beneficio de la sociedad. Y cuando intencionadamente nos referimos a saberes, no nos limitamos a saberes tecnológicos, sino que lo hacemos en el sentido orteguiano del término, comprendiendo el repertorio de convicciones sobre lo que es el mundo y son los prójimos, la jerarquía de valores que tienen las cosas y las acciones, en definitiva, la cultura.

El conocimiento puede generarse (investigación) y transmitirse a los estudiantes (docencia) para su posterior traslado a la sociedad (transferencia).

El conocimiento es progreso. La Universidad debe ser una de las principales fuentes generadoras del saber y su transmisión constituye su principal función. En una sociedad en la que la demanda de personas altamente cualificadas es cada vez mayor, la Universidad desempeña un papel irremplazable. En este sentido, la Universidad y la sociedad deben seguir caminos paralelos e interrelacionados con el objeto de garantizar la formación íntegra, ética y ciudadana de sus estudiantes.

Es un hecho constatable que nuestra universidad cuenta con un reconocido prestigio en enseñanza y aprendizaje, recientemente confirmado en la clasificación más sólida de todas las publicadas en España (Fundación Conocimiento y Desarrollo, CYD, 2017), del que debemos estar orgullosos. Esta posición aventajada no puede sino estimularnos a mantenernos en una actitud de mejora constante, trabajando por una formación de calidad que forme personas preparadas para su futuro, estudiantes que sepan adaptarse a los retos de la sociedad cambiante en la que vivimos. Ello implica una mayor flexibilidad y dinamismo en los contenidos docentes así como la constante renovación y modernización de los métodos de enseñanza.

Debemos continuar siendo una universidad de referencia en el ámbito de la formación, con un compromiso de trabajo para la innovación y mejora constante de la oferta docente, de nuestro profesorado, de los métodos de enseñanza y de la gestión de todos los procesos relacionados con ella.

María Ángeles Serrano

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