A lo largo de mi trayectoria académica en la Universidad de Salamanca he tratado de cumplir con integridad y dedicación mis obligaciones en los tres ámbitos esenciales en la vida de la Universidad: docencia, investigación y gestión, tres áreas en las que participan los estudiantes, el Personal Docente e Investigador y el Personal de Administración y Servicios, es decir, todos los miembros de este Universo que dio nombre a esta universidad y a las del resto del mundo por imitación. Esta experiencia diversa y prolongada me ha hecho valorar la importancia del compromiso de toda la comunidad universitaria en el desarrollo de cada una de esas tareas. En este tiempo y especialmente durante estos ocho años de gestión en el Vicerrectorado de Investigación y en el Vicerrectorado de Internacionalización, he podido comprobar la alta calidad profesional y humana de esta colectividad, al servicio del proyecto común de una universidad moderna, sólida y abierta al mundo.

Este recorrido y la labor realizada me dan fuerza para seguir trabajando como rectora, si logro la confianza de los electores, por una institución que reivindica su condición de universidad pública. Una universidad que vertebra su actividad en torno a la honestidad y los valores democráticos, que es fiel al principio básico de la igualdad de oportunidades, que fomenta el espíritu crítico y la cohesión social, y promueve la innovación y el desarrollo de la ciencia sujeta a firmes fundamentos éticos.

Estoy convencida de que la mejor formación y aprendizaje para nuestros estudiantes, en todos nuestros campus, ha de basarse en la calidad de la docencia y de la investigación, así como de las imprescindibles actividades extracurriculares, actualizando constantemente métodos y técnicas, de forma que nuestros egresados puedan afrontar los desafíos que la sociedad ha de resolver en el mundo globalizado.

Necesitamos, por lo tanto, garantizar un correcto y justo desarrollo profesional al Personal Docente e Investigador y al Personal de Administración y Servicios. Ambos grupos de profesionales han visto menoscabadas sus oportunidades en el marco económico y legislativo que nos ha tocado vivir durante los pasados años. La continuada apuesta por las personas y la solvencia económica de nuestra institución permitirán fijar un marco de condiciones laborales y académicas estable y propicio para el desarrollo de una carrera profesional bien definida y que respete, en un entorno de igualdad y diversidad, la conciliación familiar y laboral.

Creo que para que una institución sea centenaria y, sin embargo, mantenga un espíritu joven es imprescindible tomar medidas que garanticen la renovación de nuestras plantillas y la captación de nuevo talento. Solo así podremos incrementar nuestra competitividad en cada ámbito de la vida académica, lo que habrá de reflejarse en la mejora en las clasificaciones y, por ende, en la mayor captación de recursos humanos y materiales para nuestra universidad.

Haciendo valer la acreditada solvencia y el prestigio de la Universidad de Salamanca desde su fundación hasta el momento presente, contaremos con una voz cualificada para reivindicar con firmeza, ante las autoridades políticas y los diversos agentes sociales, la puesta en marcha de medidas económicas y legislativas que nos permitan abordar los nuevos proyectos que nuestra misión nos demanda.

Ochocientos años de vida universitaria entrañan tradición e innovación permanente. Ese espíritu de progreso y los logros conseguidos me permiten proponer con experiencia y rigor un proyecto de futuro concebido como un compromiso colectivo de trabajo, en un marco de reflexión, discusión y diálogo permanente, para incrementar el liderazgo de la Universidad de Salamanca dentro del sistema universitario español e internacional.

Todas las personas que formamos la Universidad de Salamanca debemos reivindicar con orgullo y sin complejos la calidad de nuestra docencia y nuestra investigación, la solidez de nuestra gestión y la implicación y colaboración con nuestro entorno más cercano y con todo el resto del mundo. El buen hacer de nuestra institución y de las personas que en ella trabajamos ha forjado el sello identitario de la Universidad, que, aprendiendo las lecciones del pasado, mira con madurez y solvencia a un futuro lleno de oportunidades para toda la comunidad universitaria y para la sociedad, a la que nos debemos. Este orgullo de pertenecer a la Universidad de Salamanca no ha de hacernos conformistas: los retos y oportunidades que se nos ofrecen seguirán siendo el motor de los cambios que hemos de afrontar para conseguir una universidad mejor en todas sus actividades, más inclusiva, más autónoma, más autosuficiente, más sostenible, más saludable, más comprometida, una universidad, en suma, en la que todas las personas que en ella trabajan se sientan protagonistas de las transformaciones que abordemos.

Para mí, poder estar al frente del equipo de gobierno de la Universidad de Salamanca supone un enorme reto y una gran responsabilidad que asumo con confianza, con experiencia y con un alto compromiso institucional. Cuento además con un equipo de cualificados académicos que comparten el mismo compromiso y valores y la misma visión de la Universidad que queremos para los próximos años y para el futuro. Espero lograr vuestra confianza y me comprometo, de ser así, a trabajar con denuedo por el bien de nuestra universidad.

Nos dejó dicho Spinoza que la felicidad no es un premio a la virtud, sino que es la virtud misma. Quienes vivimos con una vocación no pedimos más premio que poder desarrollarla. No pretende nuestro programa nada más que una universidad en la que dispongamos de los medios necesarios para que cada uno pueda desarrollar su vocación. Ese es nuestro premio.

 

Mª Ángeles Serrano García

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